Las horas de sueño impactan en la longevidad y en la salud

El reloj biológico del cuerpo, el llamado ritmo circadiano, es el mecanismo que regula las horas de sueño, la alimentación, la temperatura corporal o la presión arterial. Cada parte de nuestro organismo tiene un reloj biológico y todos ellos deben funcionar bien sincronizados para evitar problemas de salud y no acortar nuestra vida.

Si no se consigue un mínimo de horas de sueño se acorta la esperanza de vida

Eso es lo que se desprende de las investigaciones para conocer cómo funciona ese reloj. Unas investigaciones que fueron premiadas con el Nobel de Medicina de 2017. Michael W. Young, Jeffrey C. Hall y Michael Rosbash llevan estudiando mucho tiempo el sistema de autorregulación de proteínas que marca los ritmos circadianos. El ritmo circadiano sigue un ciclo de 24 horas y permite a los seres vivos adaptarse a los diferentes momentos del día y de la noche. Según sus investigaciones, la acumulación nocturna de ciertas proteínas y la degradación de las mismas durante el día asegura la periodicidad de procesos muy importantes para los animales, como el sueño o el hambre.

Según estas investigaciones, nuestros relojes biológicos están diseñados para que concuerden con las horas del día. Por ejemplo, si uno tiene por costumbre despertarse de noche, comer y luego volverse a dormir. Ahí se van a producir cambios muy profundos en cada reloj. Y eso afectará a la salud y, a la larga, a la longevidad.

Si alteramos las horas de sueño podemos sufrir problemas de salud como diabetes, enfermedades cardiovasculares o Alzheimer

Además, si no se consigue un mínimo de horas de sueño la esperanza de vida se acorta. Pero también alterar las horas de sueño supone que nuestros diferentes relojes biológicos se confundan y entren en conflicto.

Y esa falta de sincronía y el no funcionar correctamente va a tener consecuencias en nuestra salud. Por ejemplo, si se rompe el ritmo del páncreas o del hígado, comiendo continuamente en medio de la noche cuando se supone que debería estar durmiendo, puede acabar provocando una diabetes o una enfermedad metabólica.

Es más, los investigadores han podido constatar que si el ritmo de una persona no está en consonancia con esos relojes biológicos se multiplica el riesgo de sufrir enfermedades neurológicas como el Alzheimer o enfermedades cardiovasculares.

Además de las horas de sueño necesarias es fundamental la calidad del sueño. Así nuestros relojes biológicos funcionarán en sincronía. Es importante tener hábitos regulares a la hora de dormir: al menos siete horas, de noche y siempre en el mismo horario. Sin embargo, vamos hacia una sociedad activa las 24 horas del día. Y los relojes biológicos no pueden seguir el ritmo. Y antes del invento de la electricidad el ser humano dormía unas tres horas más que las actuales.

Muchos estudios han demostrado el impacto de las horas de sueño y de la calidad del sueño en la longevidad. Un estudio de la Universidad Estatal de Portland (Oregon) demostró que quienes sufrían de mala salud, desde problemas para desempeñar la vida diaria hasta enfermedades crónicas como enfermedades cardiovasculares o neurodegenerativas como el Alzheimer, también tenían una mala calidad del sueño.

La cantidad y la calidad del sueño inciden de manera directa en nuestro estado físico y mental. Ahora las investigaciones se centran en para qué sirve el sueño. Se sabe que el sueño está asociado a funciones inmunes, endocrinas, de aprendizaje y memoria, pero todavía quedan numerosos interrogantes.

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