Niños y niñas tienen la sorprendente capacidad de exponerse, de una forma que el adulto juzgaría innecesaria y gratuita, a situaciones de riesgo en los momentos y lugares más inoportunos. Afortunadamente, en la mayor parte de los casos no suele haber consecuencias importantes que no puedan resolverse con mimos, un poco de agua oxigenada y una tirita. Pero cuando llegan a producirse fracturas, especialmente si concurren con dolor en rodilla (u otras articulaciones) o dolor de espalda, por citar algunos síntomas, conviene ponerse en manos de un especialista, que se encargará de valorar el diagnóstico y proponer el mejor tratamiento. A menudo, estos tratamientos precisarán de productos ortopédicos que aseguren o refuercen la recuperación del joven paciente.
Estos productos ortopédicos no son las mismos que se usan en adultos (aquí cobra especial sentido la idea de que el niño no es un adulto en pequeño). En efecto, el sistema esquelético de los niños, contrariamente a lo que ocurre en los adultos, se caracteriza por presentar procesos de crecimiento y desarrollo, por lo que el tratamiento de las lesiones en uno u otro caso diferirán notablemente.
Para prevenir los accidentes caseros (que suman una buena parte de las lesiones infantiles) pueden seguirse una serie de sencillos consejos, como no dejar nunca a un niño solo en una superficie elevada (como tronas o mostradores), evitar los tropiezos (enseñando al niño a recoger sus juguetes después de usarlos, por ejemplo) o minimizar los peligrosos resbalones, tanto en la bañera (donde pueden colocarse elementos antideslizantes), como en el propio suelo del hogar (evitando productos de limpieza que lo dejen resbaladizo).
Si aun así se produce un accidente con resultado de fractura ósea, o que requiera tratamiento de lesiones musculares, la ortopedia infantil ofrece diagnóstico y tratamiento no solo de lesiones traumáticas como las sugeridas, sino también de cualquier enfermedad (congénita o adquirida) que afecte al sistema músculo-esquelético del niño.
Fuentes:
