Las lesiones de menisco junto con las lesiones de ligamentos son los daños más frecuentes que se producen en la rodilla. Esta articulación está conformada por hueso, ligamentos, cartílago y líquidos, de modo que, cuando alguno de estos elementos se lastima, aparecen los problemas en forma de dolor, inflamación y dificultades para caminar.
Estas lesiones son tratadas por la rama médica de la traumatología y, en ocasiones, se recurre también a la ortopedia para su recuperación, como, por ejemplo, con una férula de yeso durante un periodo de tiempo determinado.
Lesiones en los ligamentos
Tanto el ligamento lateral interno como el lateral externo sustentan la rodilla y son fundamentales para proporcionar estabilidad, así como para limitar el movimiento lateral.
El ligamento lateral interno, como su propio nombre indica, está situado en la parte interna de la rodilla y puede dañarse, debido a un mal giro de la articulación cuando se tiene el pie apoyado en el suelo, como puede ocurrir en disciplinas deportivas como el fútbol, baloncesto, rugby, etc.
El ligamento lateral externo, por su parte, se extiende por la parte externa de la rodilla y se lesiona, generalmente, por un desgarro completo o parcial al producirse un estiramiento excesivo.
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Prevención
Se pueden seguir algunas pautas para disminuir el riesgo de lesión en los ligamentos de la rodilla, sobre todo, al realizar actividades físicas habitualmente. Con ello se consigue fortalecer los músculos que sostienen las articulaciones.
El calentamiento y el estiramiento previos a una práctica deportiva son fundamentales también para prevenir este tipo de lesiones y otras de diversa naturaleza. Al calentar y estirar, se incrementa el flujo sanguíneo de los músculos y disminuye la posibilidad de sufrir lesiones.
Las clínicas de ortopedia también advierten de que, a la hora de prevenir estas lesiones u otras (como los esguinces de tobillo, el dolor de espalda, etc.), es importante mantener un peso corporal adecuado.
Fuentes:

