El avance silencioso del Alzheimer y su relación nerviosa articular

La enfermedad de Alzheimer es conocida por la mayoría de las personas por afectar a la memoria. Sin embargo, el avance silencioso del Alzheimer también está relacionado con la afectación nerviosa articular, ya que puede cambiar la forma en que funciona el cuerpo del paciente. 

Cómo afecta a los nervios el Alzheimer 

Las personas con la enfermedad de Alzheimer presentan un exceso de dos formaciones anormales en el cerebro: las placas de amiloide y los ovillos neurofibrilares, que consisten en proteínas con una estructura incorrecta. Como resultado, las neuronas empiezan a funcionar de manera menos eficiente. 

Otra característica distintiva de esta enfermedad es la disminución de las conexiones entre las células. Este fenómeno conlleva la pérdida de la capacidad de comunicación entre las neuronas y, en última instancia, a su fallecimiento. 

El deterioro suele iniciar en una región del cerebro relacionada con la formación de recuerdos. Por este motivo, en la fase inicial de la enfermedad, los individuos afectados experimentan dificultades en la memoria.  

A medida que la enfermedad progresa hacia otras áreas, las placas se desarrollan en regiones cerebrales encargadas de las funciones físicas. Por consiguiente, tareas cotidianas como andar, comer, ir al baño y hablar se vuelven más desafiantes. 

La falta de vitamina B12, que es común en pacientes con Alzheimer, podría influir en el avance de los síntomas neurológicos. 

Alteraciones físicas y articulares ocasionadas por el Alzheimer 

A medida que envejecemos, nuestros tejidos articulares tienden a perder flexibilidad, lo que puede ocasionar rigidez en las articulaciones. Esta pérdida de flexibilidad puede verse agravada por enfermedades crónicas como la artritis reumatoide o la osteoartritis, las cuales provocan inflamación y daño en los tejidos articulares.  

Así mismo, el llevar una vida sedentaria o mantener una misma posición con frecuencia puede contribuir a la rigidez articular 

En el caso de las personas con Alzheimer, estos factores pueden representar desafíos adicionales, ya que la pérdida de flexibilidad y la rigidez articular pueden dificultar aún más su capacidad para llevar a cabo actividades diarias, aumentando su dependencia de la asistencia de cuidadores. 

Sumado a esto existen cambios físicos que se pueden presentar a medida que la enfermedad avanza. 

Cambios físicos en la etapa intermedia del Alzheimer 

La persona con Alzheimer puede enfrentar cambios físicos, especialmente durante la etapa intermedia, que incluyen: 

  • Pérdida de equilibrio o coordinación. 
  • Rigidez muscular. 
  • Puede arrastrar los pies cuando camina. 
  • Dificultades para controlar la postura: lateralizaciones, flexión o extensión del tronco y flexión de la cadera y del cuello. 
  • Problemas para pararse o sentarse en una silla. 
  • Debilidad muscular y fatiga. 
  • Dolor al iniciar el movimiento. 
  • Convulsiones y contracciones incontrolables. 

Con el transcurso del tiempo, la mayoría de los individuos con Alzheimer pierden la capacidad de realizar cuidados personales básicos, como cepillarse los dientes, bañarse, lavarse el cabello y vestirse, y requerirán asistencia para llevar a cabo estas actividades. 

Cambios físicos en la etapa avanzada del Alzheimer 

En la etapa más avanzada de la enfermedad, el paciente experimentará una falta de control sobre el tronco, lo que provocará inclinaciones y deslizamientos. Al sufrir un trastorno sobre la marcha, la persona puede sufrir más caídas y fracturas. 

Además, aumenta la rigidez en las articulaciones. Aparecen, entonces, deformidades y acortamientos debido a que las articulaciones permanecen flexionadas mucho tiempo. La inactividad y la falta de movimiento pueden provocar rigidez en las articulaciones, lo que a su vez puede causar incomodidad y dolor.  

Una vez que la persona deja de caminar o se queda en una posición por mucho tiempo, le pueden salir llagas en la piel o úlceras por presión. 

Como mejorar la función nerviosa articular en el Alzheimer 

Para mejorar la función nerviosa y articular en el Alzheimer, es beneficioso adaptar el entorno para reducir riesgos de accidentes y facilitar la movilidad de la persona afectada, lo que puede fomentar su sensación de seguridad y disposición para desplazarse, moverse e interactuar en su entorno.  

Así mismo, la asistencia de un fisioterapeuta puede ser fundamental para enseñar técnicas de movimiento articular a través de ejercicios diseñados para ampliar el rango de movimiento. Estos ejercicios implican el sostén de los brazos o piernas de la persona y su movimiento y flexión de manera repetida varias veces al día, lo que ayuda a prevenir la rigidez y a reducir la posibilidad de desarrollar puntos de presión y úlceras en la piel, especialmente en pacientes postrados en cama. 

Otras medidas adicionales para mejorar la salud nerviosa articular son:  

  • Fomentar la participación en actividades físicas como caminar, estirar las piernas y mantener la independencia en la medida de lo posible. 
  • Buscar la asistencia de un fisioterapeuta si se observa una disminución en la capacidad de caminar o mantener el equilibrio, para recibir una serie de ejercicios diseñados para fortalecer la musculatura. 
  • Consultar con un terapeuta ocupacional si se percibe una pérdida de autonomía, para identificar tareas que ayuden a mantener las capacidades. 
  • Mantener una alimentación adecuada para favorecer el funcionamiento físico. 
  • Adquirir colchones especiales, sabanilla antiescaras soft o cojines antiescara de orliman para prevenir úlceras por presión. 
  • Para proteger los miembros se puede usar: la manopla antiescaras soft, muñequera antiescaras soft, talonera rectangular antiescaras soft o el patuco antiescaras soft. 
  • Mover a la persona al menos cada 2 horas si está sentada. 
  • Mover a la persona al menos cada hora si está acostada. 
  • Utilizar un tablero sobre el regazo para sostener los brazos de la persona y apoyar la parte superior del cuerpo al estar sentada. 
  • Proporcionar a la persona algo para sostener, como un pañuelo, al moverla para reducir la probabilidad de que se agarre a usted o a los muebles. Si la persona está débil de un lado, colóquese del lado débil para apoyar el lado más fuerte y ayudar a cambiar de posición. 

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